lunes, febrero 27, 2012

¿Pueden los rankings acabar distorsionando la realidad?

Autores: Enrique de la Fuente y Nicolás Robinson-García
El Ranking de Shangai, el Ranking Web Universidades del Mundo, el Times Higher Education, QS University Rankings… la lista va creciendo exponencialmente cada año. Estos son solo algunos de los nombres que aparecen detrás de las organizaciones que elaboran las controvertidas listas de universidades top a nivel mundial, capaces de desviar decisiones de inversión, de localización de recursos, de captación de estudiantes y todo a base de listados de ranking. Su presencia en la política universitaria es cada vez mayor a pesar de su juventud (el ranking de Shangai no llega a la década de vida), convirtiéndose en un elemento a tener en cuenta a la hora de establecer estrategias de política universitario. Esto se hace evidente por ejemplo, en el caso de la Universidad Politécnica de Cataluña, que indica en su estrategia de internacionalización como un objetivo a seguir:
Un mejor posicionamiento en los rankings internacionales de prestigio, mediante el impulso de estrategias de estudio de indicadores de impacto de estos rankings y la adopción de medidas internas de mejora en esta línea.
(Plan de política internacional 2008-2015)

Y es que el efecto que pueden tener estos rankings en la imagen de las universidades puede ser demoledor o vital, dependiendo del caso. Pero hay ciertas preguntas que debemos de hacernos ante este nuevo escenario, ¿responden estos listados a una intencionalidad comercial u objetiva? Los rankings están de rabiosa actualidad, todos ofrecen sin miramientos los listados de las mejores universidades del mundo; no aparece ningún ánimo decisorio inicial, pero influyen en el destino del capital inversor y humano, decisiones que afectan tanto a la esfera pública como a la privada. La empresa que determina su decisión de inversión en investigación en función de la calidad observada de forma histórica en un ranking o la decisión de una familia de invertir y enviar a un hijo a una determinada universidad.
En momentos de crisis esta información aparece con mayor vigor al objeto de poder tener más argumentos para la toma de decisiones,…podemos hacer la comparación, si se nos permite el símil,  con las agencias de rating, salvando las distancias, que favorecen o llevan al hundimiento del sistema financiero de un país determinado.

Es por ello que resulta imprescindible educar al lector y guiarlo en su lectura, instando a los productores de rankings a que reconozcan limitaciones y enfaticen el objeto de su medición. Puesto que sólo así se podrá hacer un uso coherente de la información que muestran sin distorsionar las funciones de la universidad y reaprovechándola de manera positiva.