jueves, junio 21, 2012

Sobre cocina de rankings: a modo de ensayo


Como guinda a la presentación la semana pasada de la 3ª edición de los Rankings I-UGR de Universidades Españolas según Campos y Disciplinas Científicas  y como aperitivo al seminario que mañana celebraremos en la Universidad de Granada sobre Metodología de Rankings, os presento este pequeño ensayo sobre la cocina de rankings de universidades publicado por Dendra Médica. Revista de Humanidades.

Se parte de la premisa que confeccionar un ranking de universidades es una tarea muy similar a cocinar un plato. Tanto los resultados de uno como el sabor del  otro dependen de los ingredientes empleados (dimensiones e indicadores), de la calidad de la materia prima (fuentes de datos), de la cocina y del cocinero (preparación y proporciones).  Con un tono un tanto jocoso y en estilo llano se reflexiona sobre cada uno de estos aspectos con el fin de que el consumidor de rankings se enfrente de forma crítica a la lectura e interpretación de las múltiples tablas y clasificaciones de universidades que pululan por doquier en la actualidad.  


Un ensayo sobre cocina debe irremediablemente concluir con una receta relativamente sencilla para todo aspirante a cocinero. Esta es mi receta para un cocinero de rankings: no utilizar demasiados ingredientes, es decir, pocos indicadores pero significativos, intentar cocinarlos de la forma más objetiva y neutral que nos sea posible, valorando las características comunes y diferenciales de las instituciones sin emplearlos nunca como un arma arrojadiza; no perder de vista que los rankings son un instrumento, no un fin en sí mismos y que lo verdaderamente importante es tener claro a la hora de interpretarlos lo que cada universidad aspira a conseguir, y poco más.

Y para los comensales nada mejor que formular un decálogo de mandamientos para consumir, digerir e interpretar adecuadamente los rankings:

  1. Por principio desconfíe de un ranking, active sus mecanismos de defensa intelectual: escepticismo, duda metódica y espíritu crítico
  2. Transparencia: compruebe que puede averiguar con claridad quién los hace, con qué propósito y cómo (los ingredientes, la cocina y el cocinero)
  3. No admita que se mezclen indiscriminadamente dimensiones
  4. Cerciórese que la materias prima es de calidad: las fuentes de datos son exhaustivas y las técnicas de recogida precisas
  5. Compruebe que los indicadores son los apropiados para cada dimensión y la miden  de forma fiable y válida
  6. Asegúrese de que  se relativizan los datos (qué resultados/con qué medios) y se emplean indicadores de rendimiento (más con menos)
  7. Verifique que los pesos y proporciones de las dimensiones e indicadores se fundamentan empíricamente
  8. Compruebe que se emplean períodos de tiempo amplios.
  9. Exija que los rankings se elaboren por campos o especialidades científicas (macro/meso/micro)
  10. Compare lo comparable: clasifique universidades y compare entre sí aquellas que poseen parecido perfil profesional, temático, contextual)
 En suma, lea el ranking como un científico y no como un forofo: primero la metodología y después la tabla clasificatoria. Es más aburrido pero siempre sabrá lo que está leyendo. ¡bon apetit!


Se lo dice un cocinero de rankings…