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martes, junio 25, 2013

Book Citation Index y Altmetrics, nuestras contribuciones al nuevo Anuario ThinkEPI

Acaba de publicarse la última edición del anuario ThinkEPI (séptima edición ya), la publicación que con carácter anual se encarga de recoger las tendencias más destacadas en Información y Documentación. En esta ocasión el anuario 2013 recoge las notas difundidas a través de Iwetel en 2012, así como algunos informes de situación inéditos. El #giec3 participa con dos aportaciones sobre temas centrales en el grupo en los últimos tiempos: Book Citation Index y Altmetrics, o lo que es lo mismo, nuevas fuentes de información y nuevos indicadores para enriquecer los análisis de actividad científica. Como es costumbre, ya podéis descargar gratuitamente ambos trabajos.


Torres-Salinas, D. & Delgado-López-Cózar, E. (2013). Cobertura de las editoriales científicas del Book citation index en ciencias sociales y humanidades: ¿la historia se repite? Anuario ThinkEPI, 7, 110–113. [DESCARGAR]

Resumen: En 2010 Thomson lanzó un nuevo índice de citas dedicado a los libros: el Book Citation Index. Esta nueva base de datos ha abierto nuevas posibilidades para el análisis bibliométrico de campos como las humanidades y las ciencias sociales. Sin embargo debido a su juventud aún sabemos poco sobre su cobertura y especialmente de los editores científicos que se han tenido en cuenta en su elaboración. Se analiza la cobertura por países, idiomas, concentración editorial y una comparación con el producto español Scholarly publishers indicators (SPI), del CCHS/CSIC. Se concluye que tiene una orientación marcadamente anglosajona, gran concentración editorial y, para agravar la situación, ausencia de editores reputados.

Torres-Salinas, D. & Cabezas-Clavijo, Á. (2013). Altmetrics: no todo lo que se puede contar, cuenta. Anuario ThinkEPI, 7, 114–117. [DESCARGAR]
 
Resumen: En 2012 se multiplicaron las propuestas sobre nuevos indicadores asociados a aplicaciones de la web social, denominados altmetrics (o métricas alternativas) y se presentan como una alternativa a la evaluación de la actividad científica. Sin embargo, pese a las múltiples propuestas, dicho campo aún está en fase embrionaria. Se presentan algunas posibles limitaciones de los nuevos indicadores: 1) gran número de fuentes de información e indicadores que hacen difícil establecer su clasificación y relevancia; 2) muchos no tienen demasiada validez estadística por los pobres resultados que generan; 3) es difícil determinar cuál es el significado de las nuevas medidas ya que no sabemos si se mide exactamente impacto social o científico; y 4) carácter evanescente y efímero.



viernes, noviembre 30, 2012

Altmetrics: no todo lo que se puede contar, cuenta




Altmetrics: no todo lo que se puede contar, cuenta
22 noviembre, 2012 Por Daniel Torres-Salinas y Álvaro Cabezas-Clavijo 
en Notas ThinkEPI 2013


La evaluación de la ciencia desde una perspectiva cuantitativa se basa en indicadores bibliométricos. El número de citas o el Impact Factor son las medidas habituales para medir la repercusión de un trabajo o investigador desde hace décadas. Sin embargo, en los últimos años el mundo académico ha comenzado a abrazar las herramientas 2.0. La firme consolidación de muchas plataformas y la incorporación de los pioneros en su uso al mundo académico han hecho que por fin se acepten las ventajas que redes especializadas como Mendeley, o genéricas como Twitter tienen en la gestión del ciclo de publicación y difusión científica.


Para la informetría, lo más relevante de las plataformas 2.0 son los indicadores que generan. El número de lectores que almacenan un paper en sus gestores de referencias o el número de visitas de una presentación online bien pueden ser aproximaciones al interés que suscita un trabajo científico. De esta forma, los indicadores derivados de la participación de los usuarios en las herramientas 2.0 con fines académicos se han etiquetado como Altmetrics, un campo que supone uno de los desarrollos más significativos en la disciplina en los últimos años. 


martes, octubre 02, 2012

Cobertura de las editoriales científicas del Book citation index en ciencias sociales y humanas: ¿la historia se repite?


La casa de la citas (Thomson Reuters) amplió recientemente la familia con un nuevo inquilino. Sí ya existían los índices de citas de revistas y los de congresos, ahora tocaba los índices dedicados a los libros, una antigua aspiración de Garfield concretada en el Book citation index (de ahora en adelante BKCI). Dicho producto se lanzó en 2010  y ya algunas bibliotecas universitarias españolas están suscritas al mismo. El BKCI  va a levantar expectación tanto entre bibliotecarios, bibliométras como investigadores.

En esta nota analizaremos la cobertura del BKCI desde el  punto de vista de las editoriales, contemplando los siguientes aspectos: países, lenguas, concentración editorial y comparación con el Scholarly publishers indicators (SPI). Sin embargo no vamos a estudiar todo el BKCI, sino tan sólo la parte dedicada a las ciencias sociales y humanas. La razón es bien clara, son en estas disciplinas donde el libro actúa, y así es valorado por la diferentes agencias de evaluación, como un verdadero medio para difundir resultados científicos.

Por Daniel Torres Salinas y Emilio Delgado López-Cózar

martes, diciembre 20, 2011

Thinkepi: Google Scholar Citations y la emergencia de nuevos actores en la evaluación de la investigación


Nota Thinkepi 
Publicada en IWETEL el 20 Diciembre de 2011


Google Scholar Citations y la emergencia de nuevos actores en la evaluación de la investigación
Álvaro Cabezas Clavijo y Daniel Torres-Salinas

El lanzamiento hace escasos meses de Google Scholar Citations [1], la herramienta para medir el impacto de los investigadores en las publicaciones indizadas por el popular buscador, nos da pie a revisar ésta y otras aplicaciones de índole bibliométrica encaminadas a medir la visibilidad de académicos e investigadores en la web. Este impacto no sólo se limita a los medios tradicionales (citas recibidas desde otros trabajos científicos) sino que abarca a las nuevas vías de comunicación científica y a sus indicadores asociados, como el número de descargas de un  trabajo, las personas que lo almacenan en su gestor de referencias o las veces que una presentación es visionada online. Asimismo se discute brevemente en qué medida puede afectar la emergencia de estas nuevas herramientas a las bases de datos tradicionales para la evaluación de la ciencia, Thomson Reuters-Web of Science [2], y Scopus-Elsevier [3].

La joven estrella: Google Scholar Citations.

Google Scholar Citations fue oficialmente lanzado en pruebas en julio de 2011, generando de inmediato un importante eco en la web. Su propuesta es muy sencilla, recopila la producción científica de un investigador y la muestra agregada en una página personal, con información del número de citas de cada ítem. El investigador, una vez dado de alta, puede editar los registros de Google Scholar, corrigiendo (normalizando) la información del buscador, unir registros duplicados, e incluso añadir de forma manual otros trabajos que hayan escapado a las garras de Google. Además presenta tres indicadores bibliométricos; el número total de citas de los trabajos, el índice h del investigador, y el índice i10, esto es el número de trabajos con más de diez citas, tanto para toda la carrera académica como para el periodo más reciente. En este apartado hay que mencionar que Google ha prescindido de la métrica más sencilla: el número total de trabajos de un investigador; así como de otras medidas como el promedio de citas por trabajo, o indicadores relativos al impacto de las revistas. Pero quizá lo más interesante es que la información sobre las citas recibidas y la producción se actualizan de forma automática a medida que va siendo indexada por Google, sin necesidad de concurso por parte del académico, que encuentra siempre su información al día. Las posibilidades que abre este producto son enormes, tanto en la medición del impacto personal como de cara a la visibilidad del investigador en la web.


Figura 1: Página personal en Google Scholar Citations

En cuanto a lo primero, y pese a que no es aconsejable el uso de Google Scholar como herramienta para la evaluación científica [4] cada vez es más usado especialmente en áreas de Ciencias Sociales y Humanidades como medio para recuperar las citas de un trabajo, datos tenidos muy en cuenta tanto en los procesos de solicitud de sexenios de investigación como en las acreditaciones a los cuerpos docentes universitarios. Respecto a la visibilidad académica, el investigador se vincula a las materias en las que es especialista, de manera que se va generando un directorio temático de expertos, ordenados en función del número total de citas de sus trabajos. Además de esta función para localizar expertos en un área determinada, los perfiles de los investigadores dados de alta aparecen integrados en los resultados de las búsquedas por autores, por lo que se puede acceder de forma rápida a toda la producción científica de un investigador. Sin embargo, algunos autores como la creadora del software Publish or Perish [5] Anne-Wil Harzing expresan sus temores acerca de la honestidad de los autores, y si estos no serán capaces de falsear sus datos en busca de un ascenso académico o como manera de aumentar su visibilidad en la web [6].

Desde noviembre de 2011 el servicio está abierto a todos los investigadores, y en los primeros días de libre acceso al producto comienzan a verse ya un buen número de profesores y profesionales de la Documentación, muchos de ellos españoles [7]. Sin embargo cabe preguntarse si llegará a ser significativo el número de los que se creen su perfil, requisito indispensable para aparecer en estos directorios. Otra duda acerca del producto es la manera de ordenar a los investigadores en el directorio por materias. Actualmente esta ordenación se hace en función  del número total de citas, una clasificación demasiado tosca ya que favorece a los investigadores de disciplinas grandes, así como a los de mayor recorrido y con mayor número de trabajos publicados. De facto, Google Scholar Citations está estableciendo rankings de investigadores por materias en función de un único criterio (fácilmente manipulable, además), lo cual es un arma de doble filo. Como señalaba Harzing cualquiera puede falsear sus datos para aparecer en posiciones prominentes, sin embargo parece poco probable ya que sería rápidamente detectado por el resto de usuarios, cayendo en el descrédito científico. Otra duda que nos asalta es si los investigadores con escaso impacto académico crearán su perfil, ya que podrían quedar en evidencia respecto a otros compañeros de disciplina o de departamento, con currículos mucho más lucidos. Al final, se corre el riesgo de crear un directorio de científicos altamente citados, que no sea representativo de la investigación que se da en un campo. Pese a la juventud del producto, ya surgen los primeros análisis en algunos blogs, como el que realiza Brian Kelly de las más destacadas universidades británicas [8], o el del bibliotecario holandés Wouter Gerritsma, que presagia que en cinco años Google habrá cambiado completamente el mercado de las bases de datos científicas [9].


Figura 2: Directorio de investigadores registrados en la materia "Information Science"

El actor secundario: Microsoft Academic Search.

Este producto de Google viene precedido por los movimientos que otros de los gigantes de la web, Microsoft ha venido realizando en los últimos meses con su buscador Microsoft Academic Search [10]. Este producto, heredero de Windows Live Academic y de Live Search Academic, surgió en su actual denominación en 2009, sólo para el campo de la Informática,  pero cubre desde septiembre de 2011 todos los ámbitos del conocimiento. También permite la creación de perfiles personales a partir de la información recogida por el buscador, proporcionando hasta el momento más indicadores y funcionalidades de las que ofrece Google. Asimismo admite la edición y modificación de registros, subir pdfs con el texto completo de los trabajos, insertar el listado de publicaciones en otra página web, o incluso ver el contexto en el que un trabajo ha sido citado, un viejo sueño de la bibliometría evaluativa. Además el producto de Microsoft no se ciñe a la escala personal sino que permite seguir la pista a la producción científica de una institución e incluso efectuar comparaciones entre ellas, tomando los parámetros habituales de producción y citas como términos de la ecuación. Otra de sus fortalezas es la posibilidad de explorar la red de colaboraciones de un investigador, así como las relaciones a través de las citas. Además, se pueden encontrar los perfiles de cualquier investigador, no sólo de los registrados, ya que esto no es imprescindible.

Sin embargo, en comparación con Google Scholar Citations, el proceso de actualización del cv es más pesado, tarda unos días ya que debe ser revisado por el equipo del producto, y además la cobertura parece bastante menor que la de Google, si bien no disponemos de un listado de las fuentes que cubre ninguno de los dos productos. En este pequeño estudio de la producción de siete investigadores británicos [11] se observa la gran diferencia entre los resultados que ofrece Academic Search y los que arroja Google Scholar Citations [11]. Además se aprecian importantes problemas de normalización, una de las críticas principales que también cabe hacer a Google.


Figura 3: Página Personal en MS Academic Search

En cuanto a aplicaciones que permiten la confección de currículos vitae personales, también es necesario reseñar ResercherID [12], producto impulsado por Thomson Reuters que trabaja únicamente sobre la información recogida en la Web of Science. Al contrario que Google Scholar Citations o MS Academic Search, la actualización de la producción no es automática, es decir cada vez que un nuevo artículo nuestro sea recogido en Web of Science, deberemos actualizar manualmente nuestro perfil en ResearcherID. Herramientas como la red social científica ResearchGate [13] o el gestor de referencias Mendeley [14] también proporcionan espacio para que el investigador incluya sus publicaciones en una página personal.

Los actores alternativos: las iniciativas alt-metrics.

Aprovechando las diferentes aplicaciones para investigadores surgidas en los últimos años en el entorno de la ciencia 2.0 [15] son varias las iniciativas dirigidas a medir el impacto de los materiales publicados on-line, de forma más amplia que con el recuento de citas. Dentro de estas iniciativas conocidas genéricamente como alt-metrics o métricas alternativas [16] han aparecido aplicaciones como ScienceCard [17], un metaproducto que hace uso de apis externas para ofrecer para cada investigador además de su producción indizada en MS Academic Search, o el número de citas según Scopus, las veces que un trabajo ha sido marcado como favorito en citeulike [18], o las personas que lo han alacenado en el gestor de referencias bibliográficas Mendeley. La idea que subyace es que hay múltiples maneras de medir la influencia de los investigadores en  la web y que el número de citas es sólo una de ellas. Otra iniciativa reciente es Total Impact [19] donde, en la misma línea, podemos descubrir métricas de las presentaciones colgadas en Slideshare [20], las veces que se ha compartido un artículo científico en Facebook [21], o el número de grupos en Mendeley donde se ha recopilado un determinado trabajo. Estas iniciativas siguen el camino trazado por las estadísticas a nivel de artículo [22]  implementadas por la editorial Public Library of Science (PLoS) que lleva tiempo ofreciendo, además de las citas que un artículo atrae, datos sobre el número de descargas de un trabajo, el número de comentarios que genera o el número de blogs que lo enlazan [23].


Figura 4: Estadísticas de impacto de investigador en Total Impact

Los actores consolidados: ISI Web of Science y Scopus.

En este sentido hay que mencionar que los  actores tradicionales en el campo de la evaluación de la ciencia no se han quedado de brazos cruzados. Thomson Reuters, además de incrementar en los últimos años considerablemente su cobertura de revistas científicas de alcance regional, acaba de lanzar el Book Citation Index [24], su índice de citas con información de libros, dirigido principalmente a las Humanidades y las Ciencias Sociales, áreas donde estos vehículos de difusión juegan un papel importante. Por su parte, Scopus ha incorporado las métricas SNIP y SJR [25] a su base de datos para ayudar a los bibliómetras. Además ha sacado al mercado aplicaciones (apps) para dispositivos móviles [26] y ofrece asimismo conexiones con su base de datos mediante apis [27], que permite mostrar por ejemplo en repositorios institucionales el número de citas cosechadas por los trabajos recogidos en la fuente de datos de Elsevier.

Consideración final

Desde el plano de la política universitaria y de evaluación de la investigación, la pregunta que cabe realizarse es si alguno de los productos mencionados tanto de Microsoft y de Google principalmente pero también de las iniciativas alt-metrics pueden ser serios competidores en un futuro próximo para las dos grandes bases de datos que proporcionan información bibliométrica, de importante coste económico, especialmente en una época marcada por los recortes presupuestarios. Los productos tradicionales son más solventes y estables que los nuevos, ofreciendo un amplio abanico de posibilidades y de métricas asociadas, no sólo a los trabajos sino también a las revistas en que éstos se publican. Además su uso está extendido y existen unas métricas validadas por los profesionales de la bibliometría así como por parte de las agencias con responsabilidad en materia investigadora. Sin embargo es legítimo el debate acerca de si dichas bases de datos son imprescindibles en los procesos de evaluación investigadora. En nuestra opinión, en la actualidad estas bases de datos (ISI Web of Science o Scopus, no son necesarias las dos) son imprescindibles para la evaluación, sin embargo la nueva generación de Sistemas de Información Científica (CRIS) [28] junto a buscadores científicos de acceso gratuito como Google Scholar, y las métricas basadas en el uso de la información pueden aportar nuevas soluciones a la evaluación de la ciencia, haciendo a medio plazo quizá menos necesarios los costosos índices de citas. Haciendo prospectiva-ficción cabría pensar cómo cambiaría el mercado de la información y evaluación científica si Google decidiera lanzar su propio “índice de impacto” a partir de la información que indiza, lo cual no parece descabellado ya que su popular sistema de ordenación de búsqueda PageRank se basa en un principio que ya aplican otros índices bibliométricos. En cualquier caso lo que es indudable es que los nuevos productos y herramientas a disposición de investigadores y evaluadores facilitan tanto la difusión como la recuperación de información científica y abren nuevas posibilidades para el intercambio de la información científica y su evaluación.

Notas

[2] Thomson Reuters-Web of Science http://www.accesowok.fecyt.es/
[3] Scopus-Elsevier http://www.scopus.com/
[4] Torres-Salinas, D., Ruiz-Pérez, R., y Delgado-López-Cózar, E. (2009). Google Scholar como herramienta para la evaluación científica. El profesional de la Información, 18(5), 501-510. http://ec3.ugr.es/publicaciones/d700h04j123154rr.pdf
[5] Publish or Perish. http://www.harzing.com/pop.htm
[6] Scholar Citations—Google Moves into the Domain of Web of Science and Scopus. http://newsbreaks.infotoday.com/NewsBreaks/Scholar-CitationsGoogle-Moves-into-the-Domain-of-Web-of-Science--Scopus-76917.asp
[7] Directorio de investigadores listados bajo la materia “Information Science” en Google Scholar Citations http://scholar.google.com/citations?view_op=search_authors&hl=en&mauthors=label:information_science
[9] How Google Scholar Citations passes the competition left and right. http://wowter.net/2011/11/21/how-google-scholar-citations-passes-the-competition-left-and-right/
[10] Microsoft Academic Search. http://academic.research.microsoft.com/
[12] ResercherID. http://www.researcherid.com/
[13] ResearchGate. http://www.researchgate.net
 [14] Mendeley. http://www.mendeley.com/
 [15] Cabezas-Clavijo, Á., Torres-Salinas, D., y Delgado-López-Cózar, E. (2009). Ciencia 2.0: catálogo de herramientas e implicaciones para la actividad investigadora. El Profesional de la Informacion, 18(1), 72-79. http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2009/enero/09.pdf
[16] Alt-metrics. http://altmetrics.org/
[17] ScienceCard. http://sciencecard.org/
[18] Citeulike. http://www.citeulike.org/
[19] Total Impact. http://total-impact.org/
[20] Slideshare. http://www.slideshare.net/
[21] Facebook. http://www.facebook.com/
[22] Article-level Metrics - Public Library of Science. http://article-level-metrics.plos.org/
[23] Cabezas-Clavijo, Á., y Torres-Salinas, D. (2010). Indicadores de uso y participación en las revistas científicas 2.0: el caso de PLoS One. El profesional de la información, 19(4), 431-434. http://ec3.ugr.es/publicaciones/2010-Cabezas_Torres_Indicadores_de_uso_participacion_revistas_cientificas_2.0_el_caso_plos_one.pdf
[25] Journal metrics: SNIP, SJR. http://info.scopus.com/journalmetrics/
[28] Torres-Salinas, D. y Cabezas-Clavijo, Á (2012). Herramientas para la evaluación de la ciencia en universidades y centros I+D: descripción y usos. Anuario Thinkepi, 6. http://ec3noticias.blogspot.com/2011/12/herramientas-para-la-evaluacion-de-la.html

lunes, diciembre 19, 2011

Herramientas para la evaluación de la ciencia en universidades y centros I+D: descripción y usos

Daniel Torres-Salinas y Álvaro Cabezas Clavijo
Grupo EC3 Evaluación de la Ciencia y la Comunicación Científica


1. El contexto científico y el contexto profesional

En los últimos años hemos asistido a un crecimiento en la importancia de la labor investigadora en la universidad, así como a la creación de numerosos centros de investigación. La investigación es ahora la clave para conseguir ascensos, complementos salariales o proyectos de investigación. Esto ha llevado a una multiplicación de convocatorias, cada una con sus criterios de calidad propios, y a una mayor demanda por parte de investigadores, grupos y centros de investigación, de información cuantitativa acerca de los resultados producidos. A la par, el modelo de financiación, tradicionalmente basado en proyectos de corta duración, también parece estar reconfigurándose; debido a las restricciones presupuestarias se tiende a reducir el número de proyectos que se conceden [1] y surgen formas de distribución de los recursos económicos que hasta hace bien poco eran desconocidas para muchas universidades y otro tipos de centros de investigación. En este nuevo modelo que se atisba, que pretende acabar con el “café para todos”, prima la financiación a centros sobre la financiación por proyectos. Varias son las características fundamentales: a) se apuesta más por la excelencia b) no se prima la producción/impacto de un grupo concreto, como puede ocurrir en los proyectos, sino que se tiene en cuenta grandes agregaciones (grupos/centros/institutos/universidades) c) son los centros los encargados del reparto posterior de los recursos. Algunos ejemplos de este tipo de política son por ejemplo las acreditaciones de Institutos de Investigación del Instituto de Salud Carlos III [2], el Programa Severo Ochoa [3], o en el caso de las propias universidades en los programas de Campus de Excelencia Internacional [4].  

Algunos logos de los Campus de Excelencia Internacional 

Una cuestión importante que nos afecta como profesionales de la información es que en todos estos programas/convocatorias uno de los aspectos básicos es valorar los resultados de investigación de las agregaciones; para ello se emplean indicadores de I+D de todo tipo pero con un especial énfasis en los bibliométricos, algunos de ellos  de cierta complejidad [5]. Por ello un aspecto evidente y que los gestores de nuestras universidades deberían tener en cuenta es que gran parte del éxito que alcancen en dichas convocatorias descansa en buena medida en como se realiza la recopilación y presentación de dichos indicadores. Para que esto sea posible es necesario contar con información actualizada, veraz y fácilmente procesable para adaptarla a los requisitos de cada convocatoria. En ocasiones ni siquiera basta con esto ya que si no contextualizamos los resultados, los indicadores ayudan pero de forma limitada; suele ser un requisito imprescindible la comparativa con contextos nacionales o internacionales, como por ejemplo se hacía en la convocatoria de centros Severo Ochoa al solicitar el Factor de Impacto Normalizado [6]. Pero estos indicadores no solo contribuyen a ‘aprobar’ estas convocatorias, sino que además deberían ser herramientas insertadas en la rutina diaria para la buena gestión de las universidades y sobre todo para la verificación del cumplimiento de objetivos.

Listado de Centros que consiguieron la acreditación Severo Ochoa
Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS)
Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).
Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO)
Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC)
Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas Carlos III (CNIO)
Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona)
Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC)
Barcelona Graduate School of Economics


En este contexto continúa la siguiente nota, donde trataremos de repasar algunas de las herramientas con las que cuentan actualmente las universidades al margen de los tradicionales índices de citas; concretamente nos centraremos en tres: los sistemas de información científica, las suites bibliométricas de las compañías comerciales, y los rankings de universidades. Finalmente ofreceremos una pincelada final sobre como emplear útilmente estas herramientas y la necesidad de contar con documentalistas que las gestionen.

2. Herramientas para la obtención de indicadores

2.1.  Los sistemas de Información Científica

Los Sistemas de Información Científica (SIC) también conocidos por su denominación inglesa de Current Research Information Systems (CRIS) [7] son la solución que se está adoptando en la mayor parte de universidades para tener controlada la actividad de sus investigadores. Estos sistemas tienen el objetivo de facilitar al investigador una herramienta para la gestión del CV científico, por ello si lo hacen sistemáticamente la suma de todos esos currículos constituye fuente inestimable para la obtención de indicadores. Por poner algunos ejemplos, a nivel autonómico encontramos el Sistema de Información Científica de Andalucía (SICA 2) [8]; como ejemplo de uno creado por una universidad está el Descriptor de la Recerca i la Activitat Acadèmica de la UPC (DRAC) [9]  de la Universitat Politécnica de Catalunya y a nivel comercial Universitas XXIInvestigación [10] de la Oficina de Cooperación Universitaria (OCU).

Interfaz del SICA2


Uno de los principales problemas de los SIC es la introducción de la información, que descansa sobre los investigadores, lo que genera el problema de la fiabilidad de los datos que deben ser normalizados y validados. Esta situación implica la necesidad de personal técnico que asuma estas tareas, un rol que en ocasiones está empezado a ser asumido por los propios bibliotecarios y documentalistas. Otro de los obstáculos es incentivar a los profesores para su carga, no todos los profesores ingresan información por lo que se genera cierta incertidumbre a la hora de obtener indicadores.  En Andalucía, por ejemplo los datos almacenados en SICA se utilizan en diferentes convocatorias autonómicas, incentivo más que suficientes en la mayoría de los casos para que los investigadores tengan su CV de SICA actualizado. Otra de las ventajas de los CRIS es que suelen incluir información de ciertas actividades científicas difíciles de obtener de otra forma; es el caso de libros, capítulos o las publicaciones no indexadas en las principales bases de datos comerciales, es decir, son muy atractivas de cara a recoger de forma más justa los méritos de los investigadores de Ciencias Sociales, Jurídicas y Humanidades.  También pueden ser útiles de cara a la preparación de memorias científicas, o para la generación vía web services de páginas con la producción científica de un grupo o departamento. Finalmente hay que mencionar que estos productos son complejos desde el punto de vista técnico ya que suelen integrarse con otros sistemas de las universidades (proyectos, repositorios, catálogos de bibliotecas) además suelen implicar la participación de muchas personas.

2.2. Suites bibliométricas de compañías comerciales

Otras herramientas bibiométricas que podemos encontrar para evaluar la investigación son las desarrolladas por las grandes compañías como Thomson-Reuters y Elsevier; éstas también han detectado la creciente necesitad de información bibliométrica que existe por lo que desde hace un tiempo ofertan suites de evaluación de la actividad científica. Dentro de este interesante conjunto debemos citar aquellas que ya están en el mercado y empezamos por In-Cites [11]  de Thomson-Reuters y de Elsevier sus productos Scival Spotlight[12] o Strata [13]. Estos productos están basados en la información bibliográfica de sus propias bases de datos (Web of Science y Scopus)  y el objetivo esencial es ofrecer indicadores bibliométricos ya ‘cocinados’ de producción e impacto de la universidad. Asimismo la ventaja esencial es que facilitan que éstos puedan ser fácilmente contextualizados, bien a través de medias mundiales o a través de comparativas con otros centros y generalmente facilitan la obtención de resultados limitados a categorías temáticas. Permiten obtener por tanto retratos muy ajustados del rendimiento de las universidades. Son interesantes porque también nos permiten conocer incluso los investigadores o hacer agrupaciones de los mismos como ocurre en Strata. Por tanto son buenos instrumentos para conseguir una fotografía general del rendimiento científico de una institución, sin embargo sus limitaciones son las heredadas de las propias bases de datos, como la falta de normalización, la utilización tan solo de las revistas científicas que indexan, o que solo sea adecuada para las áreas científico-tecnológicas. A estos inconvenientes habría que sumarles el coste que conllevan las licencias que no llevan a pagar dos veces por los mismos datos y depender aún más de los distribuidores; además se pueden alcanzar conclusiones similares con la mera utilización avanzada de los propios índices de citas.

Summary Metrics en In-Cites de Thomson Reuters



2.3. Rankings de universidades
Sin duda una de las herramientas más controvertidas en estos tiempos son los rankings de universidades, unos productos que han sido sobrevalorados por algunas universidades y denostadados por otras. Sin embargo desde nuestro punto de vista son instrumentos únicos que todavía no se han puesto valor. Algunos de los que se vienen empleando habitualmente son el de Shangai [14], The Times [15],  Rankings ISI [16] o Taiwan [17]. Uno de los problemas fundamentales de los rankings es sin duda la enorme atención mediática que atraen por lo que las universidades se han preocupado más en mirar la posición que ocupan y justificar su posición ante los medios que en estudiarlos acríticamente. Como profesionales de información, al margen de las preocupaciones políticas de nuestros gestores, lo que debe preocuparnos es la elección de aquéllos que 1) se adapten mejor al perfil de la universidad en la trabajemos 2) que  cumplan requisitos mínimos de rigor científico 3) que puedan ser replicables 4) y finalmente que nos permitan verificar objetivos y políticas científicas. Si cumplen esas características los rankings son nuestros aliados perfectos ya que nos permiten situar nuestros centros sin demasiado esfuerzo a nivel mundial, una situación que hace años, desde el punto de vista bibliométrico, era muy costoso. Quizás unos de los problemas de los rankings es que estos se suelen ver como productos definitivos  y no como como fuente de información. Un ejemplo de como explotar útilmente la información de un ranking como fuente de información lo podemos observar en este informe titulado la ‘Universidad de Granada en los Rankings ISI’ [18].

Consulta de los datos de una universidad en Rankings ISI


3. Hacía las unidades de bibliometría en las Universidades

La primera conclusión a la que podemos llegar a través del panorama expuesto es que actualmente gozamos de un buen número de productos, sin contar los tradicionales índices de citas, para afrontar un futuro plagado de convocatorias. Sin embargo siempre hay que seleccionar, y sin duda de los grupos presentados las herramientas esenciales son y serán los sistemas de información científica. Esos productos además se verán impulsados gracias a la definitiva consolidación del CVN (currículo vitae normalizado), que permite el intercambio de datos entre plataformas, con la puesta en marcha de los gestores de CVN de FECYT [19] y del MICINN [20]. Asimismo algunas de estas herramientas permiten su explotación por parte de las instituciones, para crear por ejemplos productos destinados a la difusión de la investigación como SISUE [21] en la Universidad de Sevilla o UGRINVESTIGA [22] en la Universidad de Granada. Sin embargo ahora mismo estos sistemas y los indicadores que generan son bastante básicos y la validez de la información genera aún demasiadas dudas aunque bien es cierto que con un buen tratamiento de los datos en otras aplicaciones y la adicción de ‘indicios de calidad’ se pueden convertir en una fuente imprescindible para la realización de estudios en detalle de nuestras universidades. Como complemento a los sistemas de información científica, recomendamos el uso de rankings, aunque usados de forma analítica y profesional, no pasional.

Logo del proyecto CVN


Por último queda una última cuestión, ¿quién debe encargarse de estas funciones que abarcan desde el conocimiento de la fuentes hasta la selección de indicadores y la explotación de resultados?. Desde aquí abogamos claramente por la creación de unidades de bibliometría en las universidades, profesionales de la evaluación con conocimientos tanto en Documentación como en políticas científicas, y que conozcan bien el entramado de las convocatorias de I+D en la que tanto nos jugamos día a día, aunque este tema, las unidades de bibliometría, tiene entidad propia para  otra nota Thinkepi.



Notas

[1] ec3noticias: resultados provisionales plan nacional 2011: universidades y subprogramas.
[2] Acreditación, institutos de investigación sanitaria. Presentación
[3] El programa Severo Ochoa reconoce a los primeros ocho centros de investigación españoles entre los mejores del mundo
[4] Convocatoria 2011 del campus de excelencia internacional
[5] Severo Ochoa y el Factor de Impacto Normalizado
[6] Cálculo del impacto normalizado por investigador por categorías científicas
[7] Jornada técnica sobre cris y repositorios
[8] Sistema de Información Científica de Andalucía (sica2)
[9] DRAC. descriptor de la recerca i l'activitat acadèmica de la upc
[10] Universitas xxi - investigación. sistema de gestión de la investigación
[11] Incites - research analytics - thomson reuters
[12] Scival spotlight
[13] Elsevier launches scival strata to enhance research evaluation
[14] Academic Ranking of World Universities
[15] THE world university rankings
[16] Rankings ISI de las Universidades Españolas según Campos y Disciplinas Científicas
 [17] Performance Ranking of Scientific Papers for World Universities
 [18] La Universidad de Granada en los Rankings ISI
[19] Editor Fecyt - CVN
 [20] Sistema de Información Curricular del Ministerio de Educación (SICEDU)
 [21] SISIUS. Sistema de Información Cientifíca sobre Investigación de la Universidad de Sevilla
 [22] UGRInvestiga

domingo, diciembre 19, 2010

Incrustados e integrados en la investigación: la perspectiva de los “Embedded Librarians”

Ayer publicamos, a través de Iwetel como siempre, una de las primeras notas Thinkepi que nos tocaba titulada "Incrustados e Integrados en la Investigación: la Perspectiva de los “Embedded Librarians". La reproducimos a continuación:

1. Introducción

Las bibliotecas universitarias entendidas en el sentido tradicional de un espacio físico bien delimitado e identificado que acoge y centraliza los diversos servicios que se ofrecen a la comunidad investigadora han sido víctimas de una enorme pérdida de protagonismo en la última década. Si hablamos de investigación y dejamos al margen el gran segmento de los alumnos podemos decir que el investigador se ha independizado del bibliotecario, al menos físicamente. Las causas de todo esto son evidentes y conocidas: el consumo en exclusividad de información electrónica por parte de los investigadores, la facilida d para acceder a ella y el contar con usuarios cada vez más avezados los ha alejado de nuestro lecho. Una de las primeras consecuencias que ha traído consigo este nuevo escenario es la pérdida de contacto directo con los investigadores lo que ha provocado un aislamiento cada vez más mayor que, finalmente, ha acabado desembocando en un menor conocimiento de sus necesidades. Comenzados por tanto esta nueva década en un momento interesante en el que tal vez tengamos que repensar cuáles son nuestras funciones y como debemos orientar los servicios de las bibliotecas destinadas a la investigación.

Recientemente y en el contexto que hemos descrito en diversas bibliotecas universitarias he ido impartiendo una serie de charlas sobre las posibles nuevas tareas y roles que podían ir asumiendo los bibliotecarios para la puesta en marcha de nuevos servicios de asesoramiento y apoyo en la investigación. Durante la preparación de los materiales cada vez tenía más claro la necesidad y la razón de ser un profesional de la información, bibliotecario, documentalista o como queramos llamarlo que trabajara más apegado al investigador, una persona integrada en las propias estructuras de la investigación que fuera juez y parte de los procesos de producción y generación del conocimiento científico en cualquiera de sus fases. Como no sabía muy como denominar a esta nueva raza de bibliotecarios consulté la bibliografía anglosajona y, efectivamente, ya habían reflexionado sobre él tema llamándolos “embededd librarian”, y ese era justo el concepto que tenía en mente y que necesitaba. La traducción al castellano responde a algo así como bibliotecario integrado (Torres-Salinas, 2009) o bien, como tradujo Nicolás Robinson, a bibliotecario incrustado (Robinson, 2010), cualquiera de las dos traducciones me parece correcta y nos sirve para acercarnos a esta nueva forma de entender la bibliotecaria universitaria.


2. El concepto de Embedded Librarian.

Pero antes de nada veamos de donde procede esta denominación ya que nos puede aclarar bastante a que nos referimos cuando hablamos de “embedded”. Una de las primeras noticias bibliográficas que tenemos sobre el término “embedded librarian” la podemos localizar en Dewey (2005). Éste autor nos dice que se utilizó esa terminología para establecer una clara analogía con el trabajo realizado por aquellos periodistas que acompañaron al ejército norteamericano durante la guerra de Iraq. Éstos fueron denominados como “embedding journalists” ya que se basaban en el principio de que asociándose y mezclándose con el ejército iban a conseguir mejores historias. Por tanto se trataba de una inmersión, de una integración en el día a día de un grupo profesional, en este caso los militares, totalmente distinto para intentar comprenderlo con mayor nitidez al poder compartir experiencias comunes y poder observarlos directamente. Esta forma de entender la labor periodística fomentaba la cooperación y generaba una mayor empatía. En nuestro caso si donde pone periodista ponemos bibliotecario y donde pone militar ponemos investigador, está clara cuál es la filosofía de un “embedded librarian”.

Según la perspectiva de Shumaker & Talley (2009) el trabajo de este nuevo bibliotecario se desarrolla en entornos físicos alejados de sus despachos, se caracteriza por trabajar para pequeños grupos muy específicos y especializados de usuarios donde las relaciones con sus miembros son fundamentales y además están involucrados en su temas de investigación y dinámicas de trabajo por lo que se comparten todo tipo de responsabilidades y actividades. Se intentaría de este modo superar el modelo de pregunta-respuesta que sigue predominando en la biblioteca universitaria española. Por tanto uno de los mantras esenciales del embedded es el “Just be There” (Covone & Lamm, 2010) ya que se trata más de formar parte de la comunidad investigadora que de un servicio que se ofrece a la misma. Este nuevo modelo está en la actualidad en pleno desarrollo y para que nos hagamos una idea de su calado solo remito a los dos números monográficos dedicados a los “embededd librarians” que se acaban de publicar en las revistas Information Outlook (2010) y Public Services Quarterly (2010) es, por tanto, un tema emergente y un tema al que tenemos que estar atentos.

Pero si dejamos el terreno de las ideas y nos preguntamos más específicamente que puede hacer un “bibliotecario incrustado” en el ámbito de la investigación, creo que en nuestros centros la solución pasa por trabajar en el marco de los grupos y proyectos de investigación; allí sí tiene sentido una persona integrada ya que son unidades abarcables. Se me ocurre por ejemplo el siguiente conjunto de labores esenciales que se podía desempeñar y que, por supuesto, están estrechamente relacionadas con el mundo de la información/documentación:


  • 1) Intervención activa en todo el proceso de publicación de artículos y trabajos científicos (gestión de borradores, preparación de preprints/postprints, envío de manuscritos, traducción, etc...).
  • 2) Difusión y diseminación de las publicaciones, resultados y objetos digitales del grupo a través de internet (difusión en la web 2.0, puesta en acceso abierto de los trabajos, gestión website, etc...).
  • 3) Organización y conservación efectiva de los discos duros de los investigadores y otros materiales del grupo (data sharing y curation, políticas de conservación de los datos, creación de wikis, etc...).
  • 4) Conocimiento y gestión de las múltiples plataformas que manejan los investigadores (de revistas on-line, de agencias evaluadoras, de sistemas de gestión curricular, de solicitud de proyectos, etc.…).
  • 5) Gestión de la visibilidad y el impacto del grupo (informes bibliométricos, asesoramiento para sexenios o acreditaciones, políticas de publicación).
Además de incrustarnos, de ahorrarles tiempo en tareas que no son puramente investigación y de ser parte efectiva del sistema el objetivo final al que se debería tender sería, como apunta Kesselman & Watstein (2009), la creación desde un punto de vista bibliotecario de un nuevo modelo de publicación/comunicación científica basado en la co-creación, con un papel más activo que el que se juega ahora.

3. Reflexión Final.

Cuando hablamos de “Embedded Librarian” hablamos por tanto de un bibliotecario al que se le añaden nuevas competencias, que goza de una mayor especialización temática y científica pero que, sobre todo, se mimetiza con sus grupos específicos de trabajo, que sale fuera de sus fronteras desarrollando su labor en diversos despachos satélite y que se hace cargo de tareas que anteriormente solo llevaba a cabo el investigador. Es un por tanto un profesional híbrido investigador/bibliotecario que no trata de alfabetizar informacionalmente a nadie a base de guías sino que sabe hacer y resolver las cosas directamente. Probablemente muchos bibliotecarios y profesionales de la información ya lleven a cabo estas labores, como refiere Drewes y Hofman (2010) la “Embedded librarianship” es un término nuevo pero un viejo concepto en las bibliotecas universitarias, pero dudo que sea la práctica común ya que el perfil de un bibliotecario universitario actual es el de proveer de información pero no de ayudar activamente a crearla. Por ello tal vez ni siquiera esté claro que deba ser la biblioteca universitaria la encargada de desempeñar estas tareas, lo que sí es evidente es que se trata un nicho de trabajo por explotar. No se trata por tanto de dinamitar las labores actuales, tan válidas como hace un siglo, sino de plantear nuevas formas y actitudes a la hora de desempeñar nuestro trabajo.

4. Referencias Bibliográficas
Por Daniel Torres-Salinas miembro del:

jueves, julio 15, 2010

Comunicación y evaluación de la ciencia: hitos y resultados científicos recientes

(foto robada aquí)

Hola, como ya sábeis se acaba de publicar el Anuario Thinkepi 2010. Este año los miembros del grupo EC3 hemos participado con un total de cinco aportaciones diferentes. De éstas 3 de ellas ya las conocéis porque se han distribuido por Iwetel, repositorio Thinkepi, etc.. pero os las recuerdo:
pero bueno como comentaba al margen de estas notas hemos redactado dos estados de la cuestión o informes de situación y éstos si son inéditos y pueden interesaros más. Hoy os presentamos el primero:
  • Torres-Salinas, Daniel. Comunicación y evaluación de la ciencia: hitos y resultados científicos recientes. Anuario Thinkepi, 2010 [DESCARGAR]
  • Abstract: Repaso de las principales novedades del año 2009 en el ámbito de la comunicación científica y de la evaluación de la ciencia. El texto se divide en tres ejes temáticos. En el primero se trata la comunicación científica en internet concentrándonos en el uso de Twitter en la ciencia, en las cifras del Open Access en España y finalmente en la e-ciencia. El segundo bloque está dedicado a los nuevos indicadores de uso para evaluar la actividad científica lanzados desde el proyecto Mesur y en la propuesta de PLoS para la evaluación de artículos de revistas. Para terminar dedicamos un bloque a la bibliometría destacando el boom de los rankings de universidades en España y en los cambios recientes en los índices de citas Web of science y Scopus